Gyn-ecología | Días fértiles y ovulación
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Inspirada en mis maestros de medicina natural y en sus formas sencillas de comprender la vida llegué a la conclusión de que el ciclo femenino puede explicarse fácilmente si lo comparamos con los ciclos de los árboles, sus frutos y la tierra. A continuación haré una descripción del ciclo femenino en sus semejanzas con la naturaleza. Por favor no se tomen las palabras literalmente, la idea es que comprendamos que nuestro ciclo fluye como otros ciclos naturales.

La fertilidad femenina funciona de manera similar a la de otras semillas.

Voy a comenzar explicando por qué la energía que activa nuestros ovarios es la misma que hace a una planta germinar de la semilla, que un palo brote hojas y flores;  que las células se reproduzcan y que la vida germine en equilibrio con estaciones. Cuando esta energía se ve perturbada o desequilibrada, la semilla no podrá crecer.

El ciclo ovárico es como el árbol, el ciclo menstrual como la tierra.

Imagina que los folículos ováricos son como los frutos del árbol y los óvulos las semillas dentro de las frutas. Para que esa fruta crezca necesitamos que le de mucho sol (energía hormonal ascendente y sangre), para que la semilla germine se requiere también agua (fluidos cervicales, sangre); el agua entrará también a través de las raíces (sangre) para repartirse en troncos y ramas que sostienen y alimentan a los frutos. No todos los frutos serán del mismo tamaño ni darán una semilla que se convierta en árbol. Muchos frutos y semillas dejan de crecer antes de alcanzar la madurez. Otros caen para reintegrarse con la tierra en su proceso de descomposición.

La tierra se correlaciona con las funciones del útero.

La tierra provee nutrientes a los árboles y plantas, el endometrio o revestimento uterino también aporta ese suelo lleno de nutrientes a los óvulos fecundados (semillas). La tierra es también quien aprovecha el proceso de descomposición de los frutos caídos para crear más nutrientes para los nuevos frutos. De una forma similar a como la tierra descompone los restos orgánicos,  la hormona luteinizante “desintegra” los frutos (folículos) para evolucionar otros. La progesterona “crea” esa tierra fértil (endometrio) que dará vida a las nuevas plantas.

El ciclo ovárico es la primavera y verano; el ciclo menstrual es el otoño e invierno.

En la primavera  las semillas esperan que la energía del sol y el agua las active para germinar. Los árboles comienzan también a experimentar la energía ascendente que influye a toda la naturaleza durante esta estación y sacan sus nuevas hojas para alimentarse del sol; la temperatura se eleva, la luz crece, la vida florece. Lo mismo sucede con nuestra matriz, pero a diferencia de la Naturaleza misma, no funciona en ciclos tan largos como los solares. Nuestros ciclos duran entre 25 y 35 días solamente.El inicio del desarrollo hormonal sería la primavera, la etapa fértil el verano, la etapa no fértil posterior a la ovulación el otoño y la menstruación el invierno.

Se puede calcular la duración de cada “estación” en el ciclo femenino por periodos de 5 a 6 días que van a variar según los factores ambientales. La primavera de la matriz es cuando crecen las semillas y se van madurando dentro del fruto. De todas esas semillas (óvulos) sólo una se desarrollará lo suficiente para poder generar el brote de un árbol. La hormona folículoestimulante es, como el sol radiante, un elemento primordial para el desarrollo de la semilla.Hay muchos elementos que pueden influir de la misma manera que el medio ambiente influye en el desarrollo de la semilla de un árbol.

Para que la semilla salga sana, para que germine, crezca y se desarrolle requiere del orden de las estaciones y sus elementos.  Durante el verano llegan las aguas de la lluvia, el calor está elevado, el día es largo. Todos estos elementos (especialmente el agua) hacen que la semilla tenga el sustento energético para brotar. El estrógeno es como el agua hidratando todo lo que toca. La fruta (folículo) madura más y saca su primer brote (óvulación). El otoño es el tiempo de la cosecha, las plantas que crecieron durante el verano están listas.

Después de la  ovulación comienza el otoño en nuestro útero que ya no es una época de crecimiento sino de resultados. Si la semilla fue fecundada, la tierra la recibirá y alimentará hasta que se convierta en árbol (bebé). Durante el invierno nuestra matriz no tiene frutos ni semillas. La actividad de la tierra está bajo la superficie renovando sus energías a través de la menstruación. Si el óvulo no fue fecundado, o no se desarrolló será reintegrado a la tierra.

Si algún factor ambienta se ve afectado, el ciclo entero lo resentirá.

Supongamos que por algún motivo durante la primevera, que corresponde al desarrollo del óvulo, hubo poco sol o frentes fríos. ¿Qué pasará con la fruta y la semilla?

Poco Sol:

La fruta tardará más en desarrollarse o no logrará su desarrollo del todo. El cansacio y el estrés de la vida cotidiana en esta primera etapa del ciclo es para nuestro útero como la falta de sol y energía que logra la madurez de sus frutos.  Para que nuestro ciclo funcione correctamente tenemos que estar bien física y emocionalmente, de lo contrario, se perturbará, los frutos se atrazarán o no llegarán.

Frentes fríos:

El frío puede retrazar el crecimiento de las frutas que no crecerán mientras el clima no sea propicio. Nuestro útero se enfría por actividades como nadar y dejarse el traje de baño húmedo mucho tiempo, por sentarnos directamente en el piso frío, por tener el área del abdomen y espalda bajos descubiertos. Al tener “frío en la matriz”, los óvulos no van a desarrollarse fácilmente y el proceso de fertilidad se verá afectado. Otro caso puede ser en el verano, durante la maduración del óvulo y la ovulación. Si hay sequía o el agua (estrógenos y sangre) es de mala calidad, tampoco será fácil para la semilla brotar.

Sequía:

Cuando no hay suficiente estrógeno en la sangre, no hay agua rica en minerales para madurar los frutos.

Elementos extraños en el agua:

Podría suceder que el agua que alimenta las semillas esté “contaminada” por algún elemento extraño que evite su crecimiento. Este elemento extraño puede ser alguna hormona masculina (andrógenos) que impide el crecimiento y brote de muchos de los frutos generando situaciones como las de ovarios poliquísticos; o puede ser otra toxina por mala alimentación y generar quistes simples, nuevamente frutas que no alcanzan su maduración.

EL QUISTE SE HACE CUANDO LA FRUTA CRECE PERO NO CAE A LA TIERRA PARA REINTEGRARSE CON ELLA.

Los desequilibrios del ciclo relacionados con el otoño y el invierno tienen que ver con el ciclo menstrual y los nutrientes que la tierra ofrece a las semillas, dependen totalmente de el desarrollo de las dos estaciones anteriores. Durante el otoño se recogen los frutos y se alimenta la tierra. Para que el útero pueda ofrecer una tierra fértil a la semilla, es importante que sus funciones de reintegración de nutrientes funcionen adecuadamente y que hayan restos para reintegrar.

Falta de hojarasca

Cuando la tierra no logra los nutrientes necesarios porque en el verano no hubo agua (bajos niveles de estrógeno) para crecer el follaje del árbol; o no puede reintegrar correctamente los nutrientes (bajos niveles de Hormona Luteinizante) el suelo fértil será escaso, no habrá buena calidad del suelo y la semilla no encontrará dónde crecer: Podrá ser una semilla completa y lista para germinar, pero sin suelo fértil no encontrará dónde alimentarse y morirá. Esto sucede a muchas mujeres que si tienen ovulación pero no logran conseguir un embarazo.

En el invierno todo queda en reposo. Si la semilla encontró tierra fértil reposará en ella mientras se alimenta del suelo y se desarrolla dando vida a un bebé. Si la semilla no encontró el suelo fértil se deshace para volver a formar parte de la tierra y comenzar un nuevo ciclo, que se marca con la llegada de la menstruación que se lleva toda la memoria de este ciclo.

Jimena Chalchi

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